¿Puede el arte dar respuestas?

¿Puede el silencio nombrar el grito?
¿Puede el grito vibrar con armonía?
¿Puede la armonía ser sinónimo de gusto?
¿Puede el gusto obligar una obediencia?
¿Puede la obediencia obnubilar el deseo?
¿Puede el deseo ser alcanzado por artificial inteligencia?
¿Puede la inteligencia convertirse en algo innecesario?
¿Puede lo innecesario ser más necesario que la vida?
¿Puede la vida reducirse a mutación?
¿Puede la mutación alimentar el odio?
¿Puede el odio inocular una verdad?
¿Puede la verdad ambientar una velada?
¿Puede la velada robustecerse contra el bombardeo?
¿Puede un bombardeo estar plagado de poesía?
¿Puede la poesía ser otra cosa que silencio?


Estas son mis preguntas en «respuesta» a la propuesta ¿Puede el arte dar respuestas? de la artista Ana Matey, con quien siempre tengo el placer de colaborar cuando lo pide. Es un honor.

LipoHaiku Fuerte

Como ejercicio de los Talleres de Poesía Contemporánea, en este caso, basado en el temático de Poesía Clásica Japonesa, pido que escriban, en algún momento, un haiku combinándolo con una de las más interesantes restricciones de OuLIPO: el lipograma (en este caso, lo que yo llamo lipograma fuerte) y este fue el que yo hice a modo de ejemplo:

solo los ojos
son locos como pozos
con poco fondo

En el que, entre otras cosas, quería evitar la repetición de palabras, lo que suele ser difícil en este tipo de ejercicios. No es, obviamente, el primero que hago, como este otro dedicado a «embellecer» un poema objetual que le regalé a Pepe Buitrago.

La paz como obra de arte

En medio de este escenario convulso, yo he decidido recuperar esta postal que tenía desde hace décadas guardada entre mis viejos apuntes de arte, del maravilloso Wolf Vostell, quien afirma:

«Yo declaro la paz como la mayor obra de arte»

Allá por los años 70 también el mundo era un lugar convulso y quedaban aún por suceder terribles acontecimientos como los golpes militares en Chile o Argentina, entre otros… y lo que vendría después.

Mientras tanto, yo vuelvo a declarar, con Vostell, la paz como la mayor obra de arte… y el arte como un formidable camino hacia la paz.

El silencio, espera en el recibidor.

Primera sesión de N’Clave de Po(esía) en BPM Iván de Vargas

Comenzar en un sitio nuevo (para la actividad) siempre supone un reto, una incertidumbre, que en esta ocasión se saldó con un flujo de personas deseando asistir al evento que superó mis expectativas: más de 40 personas acudieron al acto, delicado, sencillo, casi trivial, en el que nos leemos poesía en grupo sin más, sin comentarios, sin aplausos, sin alharacas, pero con respeto absoluto y libertad máxima.

Siempre presumo de que, en esta actividad, no es preciso establecer ningún tipo de normas, orden, organización, para que todas las personas asistentes sientan que tienen la posibilidad de leer, de permanecer escuchando, de lanzarse al ruedo de lo que sería un recital, y nadie «pisa» a nadie, ni nadie es más o menos que nadie. La autogestión llevada al extremo demostrando su capacidad de funcionamiento autónomo.

En esta ocasión, llegó a haber un singular momento en el que las casi 4 decenas de personas guardaron un riguroso silencio atento a la lectura de un poema por parte de una asistente que tenía una severa afonía. Fue muy bello saber que me rodeo de gente tan generosa, tan delicada, tan bella…

Otro episodio de un Podcast Poético absurdo

Una auténtica locura, cargada de poesía. Aunque parezca mentira… 😍
Genial, la locución de Sara Mansouri Bellido, pero especial agradecimiento a Ernesto Pentón Cuza por su labor de coordinación de este pedazo de chifladura poética.

Disfruta este episodio en las voces de: Giusseppe Domínguez, Isabel Jiménez Isalía Parda, Sol Gómez, Ángel Nevado, Armando Silles McLaney, Raquel Gómez, Javier Jiménez, María Jesús Orella, Susana Olalla Serra, Carmen Garrido García, Kay Woo, Sara Mansouri, Lili Marcos y Ernesto Pentón.

desorden

desordenados
los papelitos arden
sobre la mesa


siete elementos
sin conexión alguna
bailan la muerte


vasos y vasos
acumulan miseria
tras ser usados


todos los cables
se enredan como locos
sin un sentido


en el perchero
ropa de andar por casa
que está algo sucia


libros y libros
como vasos y vasos
tras ser bebidos


sillas plegables
en perfecto desorden
cercan la mesa


carpetas viejas
me recuerdan mi edad
crueldad infecta


atolondrado
miro a mi alrededor
busco tesoros


paredes blancas
con grietas que insinúan
final de etapa


Esto no es una broma